Humanus, deudor del Humus

Ensayo: HUMANUS, DEUDOR DEL HUMUS

(Foto de Humanidad Ahora)


Por Hernán Urbina Joiro
Especial para Humanidad Ahora, número 4.

Hambre, hombre y humus son consustanciales y el problema del cambio climático ha estado irremediablemente unido al problema de la pobreza que mientras campee seguirá calentando al mundo. Hambre, hombre y humus son consustanciales y el problema del cambio climático ha estado irremediablemente unido al problema de la pobreza que mientras campee seguirá calentando al mundo.

Todavía resuenan las tristes voces soltadas en Copenhague en diciembre de 2009 y que de nuevo se limitaron a hablar de metas para reducir las emisiones de CO2, todas metas muy  parciales, desde el vergonzoso 17 por ciento de los Estados Unidos hasta el insuficiente 20 por ciento de la Unión Europea —al final ni siquiera se atrevieron a volver a proponerlas—, todas ellas para intentar que la temperatura promedio del planeta no suba más de dos grados Celsius en los siguientes diez o veinte años, lo que por sí sólo seguirá devastando al mundo. En Cancún, en diciembre de 2010, tampoco se dieron los pasos necesarios. Si bien la XVI Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático creó un fondo que aspira obtener 100.000 millones de dólares al año hasta el 2020 para apoyar los esfuerzos contra el calentamiento global en las regiones más pobres, nuevamente se limitaron a hacer el mismo débil requerimiento de cuotas de reducción de emisiones contaminantes a los países ricos. Infortunadamente en Cancún de nuevo hubo conformidad con el deletéreo objetivo de no superar los dos grados Celsius en la temperatura mundial.

Funestamente en la cumbre de Durban la conclusión fue que nada se podía concluir y que tal vez esa sería la tendencia, sin logar algo sustancial y vinculante frente al cambio climático, en el curso de esta década1. En diciembre de 2013 se hizo en Varsovia la nueva promesa de redactar un acuerdo para prolongar la vida en el planeta para ser leído en el 2015, justo antes de la nueva reunión sobre el clima en París2.

Hasta ahora ninguna voz se levanta para exigir la eliminación drástica y realista de las emisiones que calientan al mundo, en ningún lapso de tiempo, tal vez porque en el fondo a lo que estamos obligados es a abandonar la actual comodidad y reinventar la manera de consumir, caminar hacia otra sociedad distinta, capaz de suprimir los combustibles de carbono como a la pobreza y la riqueza extremas. Para esto se requiere aminorar el afán de enriquecerse —que contaminó, empobreció y calentó— a cambio de un afán por combatir la carencia, incluso la carencia de una atmósfera sana para todos. De no reinventarse la forma de engullir y de echar andar las industrias, los automóviles, las cocinas del mundo, sólo se cambiará el sitio de las emisiones de la vieja economía del carbono.

Reinventar la economía y recuperar el medio ambiente podría ser otra buena ruta para combatir la pobreza, si con ello se genera más trabajo con mejores condiciones de vida. Para lograr esto se necesitan ganas de hacer una verdadera revolución, se necesita mucho más que redactar protocolos de prórrogas. Para iniciar el cambio a una economía distinta, como lo dijo Kofi Annan en la Cumbre de Johannesburgo en 20023, no se necesita esperar las tecnologías del mañana: con lo que se dispone hoy se puede empezar a cambiar y a estimular a otros a que también cambien. No deja de ser irónico que, de continuarse con la actual postergación, se estaría operando una forma —bárbara— de caminar a la igualdad: al final, sin medioambiente sano, todos serán pobres y enfermos.

Hace falta arrojo. Habrá diversas justificaciones por las que aún no arranca en firme un nuevo modelo de sociedad y de economía, pero la más fuerte puede que sea el temor a sufrir, a cambiar, a suprimir el actual modelo del carbón, porque cualquier inicio necesariamente tiene que pasar por el sufrimiento de un final. También se necesita mucho dinero para cambiar el presente estado de cosas y lo planteado en la Cumbre de Cancún intenta acercarse a los estimativos de La Unión Europea que considera necesarios unos 150.000 millones de dólares anuales para que los países subdesarrollados no sean en breve el relevo contaminante de las naciones superdesarrolladas.

Sin embargo, nadie ha querido hasta ahora hacer los sacrificios que en verdad se requieren. Los países en vías de desarrollo abogaron para que el viejo y despreciado Protocolo de Kioto4 se extendiera más allá de su fecha de vencimiento porque ese documento no los vincula jurídicamente y además pedían recibir el 1 por ciento del producto interno bruto de los países desarrollados para no contaminar al mundo. A su vez los países ricos piden que sean vigiladas por la ONU las emisiones de las nuevas y contaminantes supereconomías, como la de China, a lo que estos países, como China misma, se niegan por considerarlo indigno. No hay, entonces, un compromiso real para ser defendido entre todos mientras que se pudren las aguas, los suelos y el aire con el ataque más violento contra el planeta, propinado por el hombre mismo, haciendo letra muerta, como ya es oficio, aquello proclamado por las naciones del mundo sobre la «protección del medio ambiente, la biosfera y la biodiversidad»5, como un derecho de la Humanidad para ser defendido por todos los seres humanos.

Con los fracasos en Kioto, Copenhague, Cancún, Durban y Varsovia nuevamente quedó manifiesto el dominante interés de la actual civilización por sólo consumir, su mayoritaria querencia por cuánto puede poseer en la actualidad y no tanto sobre lo que pueda poseer en el futuro. Con el desprecio en Kioto, Copenhague, Cancún, Durban y Varsovia se desoyeron contemporáneas voces sabias como la de Umberto Eco:

La negociación es, precisamente, un proceso según el cual para obtener unas cosas se renuncia a otras, y al final, las partes en juego deberían salir con una sensación razonable y recíproca de satisfacción a la luz del principio áureo por el que no es posible tenerlo todo6.

Hambre, hombre y humus son consustanciales y el problema del cambio climático ha estado irremediablemente unido al problema de la pobreza que mientras campee seguirá calentando al mundo. No es posible crear soluciones verdaderas para el medioambiente achacado sin crear soluciones oportunas contra la extrema inequidad que domina. Tendrán que hacerse esfuerzos al tiempo contra la pobreza y el cambio climático porque cualquiera de estos dos males empeora al otro, tal como la pobreza y la mala salud son recíprocos. Margaret Chan, directora de la OMS, informó que en los hogares más pobres se gasta en comida entre el 50 y el 75 por ciento de los ingresos y agregó:

Más dinero gastado en alimentos significa menos dinero disponible para la salud7.

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Foto de Humanidad Ahora.

Parafraseando a Vico8 tenemos que ser capaces de reconocer que lo que se cometió fue un exceso perfecto: el consumo y la producción desatados al norte del mundo produjo, y aún produce, sus gases digestivos que perturban más a quienes no los acompañaron a la mesa. Este mundo posmodernista no parece querer o tener habilidad para comprender y reconocer esta y otras tragedias contemporáneas. La voracidad del actual y excluyente régimen financiero despedazó recientemente a la economía del mundo, que todavía revolcado en su humus parece haber puesto otra vez en ese régimen su confianza sin haber interpretado por completo lo sucedido, ni dar señas de haber encontrado nuevos significados a la crisis para actuar y lograr cambios a favor. El medioambiente —como la economía— es lo que hemos hecho de él y hoy tenemos uno con menos cosas, cada vez más dañadas.

El cambio climático nos ha mostrado cuán frágil es la vida. Un cambio de sólo dos grados Celsius significa estragos para muchos seres vivos. Ya se alerta sobre el ascenso del nivel de los océanos que podría inundar en pocas décadas a ciudades como Nueva York, Holanda, Bangladesh o Cartagena de Indias, pero incluso ya es un hecho que cada año decenas de pueblos quedan sumergidos por completo bajo los ríos a cada invierno y al año siguiente es perfectamente factible que en esos mismos sitios se muera el ganado por falta de agua. Este es el clima que hemos propiciado.

Ya se prevé que estos inviernos y veranos desmesurados cambiarán adversamente la distribución de diversas enfermedades infecciosas y que ello impactará más en los países en desarrollo, en las regiones más pobres. Es una realidad que ya rinden menos las cosechas en regiones que eran prósperas, que hoy merman las crías y la producción de los animales en zonas ganaderas de antaño, que merma el campo cuando no es arrasado por las actuales corrientes del invierno desproporcionado y que podrán mermar aún más los cultivos que alimentan al hombre si la producción de etanol —capaz de alentar también a las máquinas—, como salida al problema de contaminación en los países desarrollados, se recarga a los suelos de los países que menos contaminan. El hombre, deudor del humus, deberá asumir posturas que eviten que ambos factores, el calentamiento de la tierra como la solución etílica al problema, agraven la actual pérdida de biodiversidad, que de acuerdo a la ONU ya no es otra cantaleta verde: cerca de un cuarto de los mamíferos y de las aves están en peligro de extinción9.

Le corresponde concretar las más cruciales acciones al humanus —al deudor del humus—, inventor y manipulador de la evolución cultural, el mismo hombre que ha cambiado tal vez para siempre a los ríos y los mares que ahora son amenazantes por la cantidad de mercurio y de otros metales pesados y tóxicos que  allí se descargan10; le corresponde actuar al humanus que en muy poco tiempo, en menos de dos siglos, modificó y sigue modificando lo que llevó millones de años para crearse, ignorando que 

Una hoja de hierba no es menos que el trabajo realizado por las estrellas11.

 

REFERENCIAS

1 Viúdez Juana. La cumbre de Varsovia busca atar un nuevo pacto sobre el clima en 2015. Madrid. Diario El País. 10 de noviembre de 2013.

2 Annan, Kofi. Discurso inaugural de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. 26 de agosto 2002. Johannesburgo (Sudáfrica).

3 Organización de las Naciones Unidas. Protocolo de Kyoto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio. 1998. <http://unfccc.int/resource/docs/convkp/kpspan.pdf>.

4 Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos. París. 19 de octubre de 2005.

5 Eco, Umberto. Decir casi lo mismo. Barcelona. Lumen. 2008.

6 Chan, Margaret. Dirección de la Organización Mundial de la Salud. Discurso en la 61ª Asamblea Mundial de la Salud. Ginebra. 19 al 24 de mayo de 2008.

7 Giambattista, Vico. Ciencia Nueva. Madrid. Tecnos. 2006.

8 Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Congreso Nacional Español sobre la Conservación de la Biodiversidad. Bionatura 07. Mayo de 2007. Sevilla.

9 Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).Comunicado de prensa 34/2006. La Haya. 4 Oct. 2006.

10 Whitman, Walt. Hojas de hierba. Madrid. Alianza Editorial, 1999.

 

OTRAS LECTURAS RECOMENDADAS

-Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. IV Informe Mundial sobre el Medio Ambiente, Oficina de Naciones Unidas. 29 de octubre de 2007.  <http://www.unep.org>.

-Sede de la Organización Internacional de la Aviación Civil de Montreal. Protocolo de Montreal. 1987. <http://www.unep.ch/ozone/spanish/Publications/MP-Handbook-07-es.pdf>.

-Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. Cambio Climático. Panorama General. Nueva York. Noviembre 2007. 

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