EDITORIAL 11: Cine, atrapando el sueño y el tiempo para reconocernos

Christian Metz, el instaurador de la teoría del cine como disciplina intelectual, afirmó que la «clave» del cine estaba en su capacidad de crear una ilusión de la realidad superior al teatro, con mayor capacidad de inducir al espectador a abandonar su incredulidad. Metz asoció esta fascinación del espectador con la identificación del niño con su propia imagen en el espejo y que, en ambos, espectador y niño, generaría un enorme placer por autodescubrimiento a través de la ilusión que los confronta con sí mismos. Indicaba Metz que, como el ensueño, la película posee una cualidad alucinatoria que, al mismo tiempo exige interpretación, por más placentera que sea, como la aparición de la imagen del niño en el espejo o la inquietante experiencia de perder la imagen amada en el reflejo.

Ese retraso fantástico en la percepción del ojo y el cerebro para reconocer el cambio vertiginoso de las imágenes, y que posibilitó la invención del cine, es, sin duda, ilusión, que no es necesariamente mentira o engaño. Esto lo aclaró el pensador contemporáneo John Letche, que, tras aprobar la teoría de Metz, afirmó que el placer que genera la ilusión del cine es comparable con el placer que Jaques Lacan le atribuyó a la pintura, que, lejos de mentirnos, se nos entrega como lo que es, como vivencia concreta ante nuestros ojos. En cualquier caso, lo audiovisual envuelve un cierto acto de atrapar el tiempo o, mejor aún, atrapar el movimiento del tiempo para proyectarlo ante el espejo —la pantalla— y nos posibilita autodescubrirnos mediante la percepción.

Lo audiovisual envuelve el acto de atrapar
el movimiento del tiempo
para proyectarlo en un espejo
donde podemos autoreconocernos

Pero, el gran filósofo del tiempo, Paul Virilio, nos interrumpe esta autocomplacencia en el espejo al recordarnos que, con el cine, la tecnología deforma la percepción incluso para cuestiones oscuras de lo humano, como la guerra, y que no hay que olvidar, inclusive, que buena parte la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial también se debió al debilitamiento del carisma de Hitler mediante la tecnología del cine. Más optimista, Noam Chomsky indica que eso ominoso que advierte Virilio es el mundo del aquí y ahora, aunque se presienta en el cine, por lo que hay que comprometerse con eso que se percibe, aunque nos genere angustia como esperanza.

Esta edición 11 de Humanidad Ahora intentará indagar sobre ese prodigio de atrapar el tiempo y el sueño a través de lo audiovisual, sobre sus favores y amenazas, tal como lo explora la Columna de Julio Moreno, Impacto de la cultura audiovisual en el mundo; igual a través de las extraordinarias experiencias de dos grandes mujeres del cine colombiano, Lina Rodríguez, directora del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias — FICCI— y Natalia Orozco, creadora y directora del muy aplaudido documental El silencio de los fusiles, que nos regalan dos entrañables entrevistas; igual nos acercaremos a este portento de la percepción a través del ensayo Cine y Humanidad y de la escritura onírica de la Columna de Juan Carlos Manjarrés, entre otros textos escogidos para esta edición Julio-Septiembre de 2017. Bienvenidos todos.

El cine exige interpretación,
bien por la imagen semejante al niño en el espejo
o la inquietud de perder la imagen amada
en el reflejo

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LECTURAS RECOMENDADAS

Metz Christian. Lenguaje y cine. Barcelona. Planeta. 1973.

Letche John. 50 pensadores contemporáneos esenciales. Cátedra. Madrid. 2010.

Virilio Paul. War and cinema. Londres-New York. Verso. 1989.

Chomsky Noam. Lenguaje y entendimiento. Barcelona. Seix Barral. 1968.